La citricultura de Entre Ríos atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. A las pérdidas acumuladas por fenómenos climáticos como granizo y heladas se suma ahora un escenario económico marcado por el derrumbe de los precios que perciben los productores, una significativa retracción del consumo interno, el incremento sostenido de los costos logísticos y la incertidumbre sobre la próxima campaña. El panorama no solo compromete la rentabilidad de las explotaciones, sino que también pone en riesgo una economía regional que genera más de 20.000 puestos de trabajo en el macizo citrícola de la provincia.

La advertencia fue formulada por el productor citrícola y presidente del Centro de la Juventud de Villa del Rosario de la Federación Agraria Argentina, además de secretario de la Federación del Citrus de Entre Ríos (FeCiER), Marcos Dal Mazo, quien describió un escenario que amenaza con afectar tanto la continuidad de numerosas explotaciones familiares como el empleo de miles de trabajadores vinculados directa e indirectamente a la actividad.

Según informó la Federación Agraria Argentina de Entre Ríos mediante un comunicado de prensa, el productor recibe actualmente entre 40 y 50 pesos por kilogramo de fruta entregada en planta, un valor que resulta insuficiente para sostener la estructura productiva y mucho menos para realizar las inversiones que demanda la preparación de la próxima campaña.

Dal Mazo explicó que los ingresos actuales apenas permiten afrontar los gastos cotidianos de funcionamiento, dejando sin margen económico a los productores para realizar labores indispensables como fertilización, poda, reposición de plantas, tratamientos sanitarios y demás tareas necesarias para asegurar la producción del año siguiente.

“Venimos de unos años bastante castigados, ya sea por granizo y heladas, a lo que se suma la caída del mercado, con valores por el piso y bajas en los precios al productor. Me da hasta vergüenza decirlo: no llega a 50 pesos el kilo de naranja en planta. Esto genera que el productor analice seriamente qué hacer en la nueva campaña, ya que ahora, en agosto o septiembre, tenemos que ir preparando la planta para la campaña 2027. La verdad es que lo que estamos recuperando por ventas alcanza apenas para cubrir los gastos que tenemos a diario”, expresó Dal Mazo, según reprodujo la Federación Agraria Argentina de Entre Ríos.

Una economía regional en estado de alerta

La situación trasciende el problema de la rentabilidad empresarial. La citricultura constituye una de las principales actividades económicas del Noreste entrerriano y representa una fuente laboral fundamental para numerosas localidades de los Departamentos Federación, Concordia y zonas aledañas.

El impacto social adquiere una dimensión considerable porque se trata de una actividad intensiva en mano de obra. A diferencia de otras producciones agrícolas altamente mecanizadas, buena parte de las tareas citrícolas continúan realizándose manualmente.

En ese sentido, Dal Mazo remarcó que la cosecha, la poda, el mantenimiento de las plantaciones y numerosas labores culturales requieren una importante participación de trabajadores especializados que residen en las comunidades donde se desarrolla la actividad.

“La citricultura es una de las actividades que sí o sí hay que desarrollarla totalmente en forma manual”, sostuvo el dirigente agrario, de acuerdo con el comunicado difundido por la Federación Agraria Argentina de Entre Ríos.

La continuidad de la crisis podría traducirse en una disminución de las inversiones de los productores y, en consecuencia, en una reducción de la demanda laboral durante las próximas campañas, afectando a miles de familias cuya principal fuente de ingresos depende del sector citrícola.

El consumo interno no logra recuperarse

Otro de los factores que profundizan la crisis es la marcada retracción del mercado interno.

De acuerdo con la información difundida por la Federación Agraria Argentina de Entre Ríos, actualmente la comercialización alcanza apenas alrededor del 60% de los niveles considerados normales para esta época del año.

La caída del consumo repercute directamente sobre la formación de precios y termina trasladando toda la presión económica hacia el primer eslabón de la cadena productiva: el productor.

La menor demanda reduce la capacidad de negociación frente a compradores e intermediarios y provoca valores que, según advierten desde el sector, se ubican muy por debajo de los costos reales de producción.

El peso creciente de la logística

Al deterioro de los precios se suma otro componente que golpea con fuerza la rentabilidad: el costo del transporte. Dal Mazo señaló que el incremento de los gastos logísticos ha reducido considerablemente el margen económico de los establecimientos citrícolas.

Según explicó, en muchos casos el productor necesita destinar aproximadamente una cuarta parte del valor de su producción únicamente para afrontar el costo del camión que traslada la fruta hasta los mercados de comercialización.

Este incremento en los costos ocurre en un contexto donde los ingresos permanecen estancados o incluso disminuyen, generando un fuerte desequilibrio financiero para numerosas explotaciones familiares.

Preparar la campaña 2027, una decisión cada vez más difícil

El calendario productivo obliga a los productores a comenzar durante agosto y septiembre las tareas de preparación de las plantas para la próxima cosecha. Sin embargo, la falta de recursos pone en duda la posibilidad de realizar las inversiones necesarias.

Las labores de fertilización, manejo sanitario y mantenimiento de las quintas no pueden postergarse sin consecuencias productivas. La reducción de estas prácticas podría traducirse en menores rindes y pérdida de calidad de la fruta durante la campaña 2027, profundizando un círculo de menor producción, menores ingresos y menor capacidad de inversión.

La amenaza silenciosa del HLB

Además de las dificultades económicas, la actividad enfrenta un importante desafío sanitario. Dal Mazo manifestó su preocupación por el avance del Huanglongbing (HLB), considerada la enfermedad más destructiva para la producción citrícola a nivel mundial.

Según indicó la Federación Agraria Argentina de Entre Ríos, en distintas zonas del macizo citrícola se detectaron nuevos focos de la enfermedad, situación que obliga a intensificar los controles y las tareas de monitoreo.

El dirigente destacó el trabajo preventivo que desarrolla la Federación del Citrus de Entre Ríos para detectar tempranamente plantas afectadas y evitar una mayor propagación. No obstante, advirtió que las limitaciones presupuestarias podrían dificultar el sostenimiento de estas acciones en los próximos años, justamente cuando el monitoreo permanente constituye una herramienta clave para preservar la sanidad de las plantaciones.

En contraste con el complejo escenario económico, las condiciones climáticas recientes aportaron una noticia relativamente favorable. Dal Mazo indicó que las últimas heladas registradas y un episodio puntual de granizo no ocasionaron daños de consideración sobre la producción actual.

Este comportamiento del clima permite mantener expectativas razonables desde el punto de vista productivo. Sin embargo, desde el sector consideran que una buena disponibilidad de fruta pierde relevancia cuando el mercado no ofrece precios capaces de cubrir los costos de producción y garantizar la continuidad de la actividad.

Una cadena productiva estratégica para Entre Ríos

La crisis de la citricultura vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de muchas economías regionales frente a la combinación de altos costos, caída del consumo y escasa rentabilidad. El sector citrícola constituye uno de los motores económicos del noreste entrerriano y sostiene una amplia red de empleo que involucra productores, cosecheros, transportistas, empaques, viveros, comercios y prestadores de servicios.

La posibilidad de que numerosos establecimientos reduzcan inversiones o incluso abandonen parte de la producción representa una señal de alarma no solo para el sector agropecuario, sino también para las economías locales cuya dinámica depende en gran medida del movimiento que genera la actividad citrícola.

Mientras la producción comienza a planificar la campaña 2027, la preocupación crece entre los productores, quienes advierten que sin una recuperación del mercado y sin condiciones económicas que permitan recomponer la rentabilidad, el futuro de una de las principales economías regionales de Entre Ríos podría verse seriamente comprometido, con consecuencias que exceden al sector agropecuario y alcanzan de lleno al entramado social y laboral de la provincia. (Analisis)